viernes, 15 de mayo de 2020

EL EJERCITO

Sin saberlo ni quererlo hemos sido reclutado para formar un ejército que debe combatir en una singular guerra. Una guerra en la que el enemigo sabemos que existe, pero al que no vemos. Una guerra en el que los soldados deben combatir sin armas contra un enemigo que les ataca de manera discrecional, sin seguir ninguna regla. Todos hemos sido reclutados de manera forzosa sin que se puedan alegar razones de conciencia o estado físico o mental para no hacerlo. No hay posibilidad de ser Objetor de Conciencia. El reclutamiento no ha distinguido clases, sexo, religión o condición social. Todos hemos sido enviados al frente de batalla a luchar en desigual combate.
El enemigo dispara sus armas a discreción. No se fija un objetivo concreto. Sus balas se disparan sin fijar el blanco, y nadie está a salvo de sus impactos. Las heridas que inflige, como en toda contienda, son diverso grado. Unas leves, y otras mortales.
Como en todo ejército ocurre, los soldados afrontan su destino con diferente ánimo. Como en todo ejército ocurre los soldados tienen miedo, y se enfrentan a él de manera dispar. Unos, incapaces de superarlo, se paralizan y permanecen atrincherados tapando sus ojos y oídos para no ver lo que ocurre a su alrededor. Otros, más valientes o temerarios, superan ese miedo, o sencillamente lo ignoran y salen de la trinchera en busca de su destino. Muchos de los que superan el miedo, o al menos lo amortiguan, precisan de la ayuda que a lo largo de los siglos se ha usado en los campos de batalla: el alcohol o las drogas. En todo frente de batalla, puede escasear muchas cosas, desde la munición a los alimentos; pero, nunca ha escaseado el alcohol. Los generales saben lo que aquel significa para desinhibir al soldado y que este combata casi desde la inconsciencia.
En esta lucha en la que nos encontramos combatiendo, existe un denominador común con algunas de las guerras convencionales que la humanidad ha sufrido. Ese elemento común es: la incompetencia de los generales para dirigir a sus tropas; y la nula capacidad para establecer estrategias que permitan aminorar el número de bajas de sus filas. 
Unas veces optan por la estrategia de la espera. Atrincherando a sus soldados a la espera de que el enemigo se desgaste. Una estrategia de poco sirve porque el fuego graneado del enemigo penetra los endebles muros de las trincheras. Más adelante, lanzan a las tropas a campo abierto y a pecho descubierto, con la esperanza de que así, se justifiquen como actos de heroísmo las perdidas en vidas humanas de manera inútil.
Como tantos y tantos malos generales que han existido a lo largo de la Historia, no han escuchado las opiniones de sus capitanes, a los que no dudaban en relegar del mando o de fusilar si cuestionaban sus decisiones acusándoles de Alta Traición y fusilándolos al amanecer.
Son esos mismos generales que callan las voces discordante, en el paredón de fusilamiento, considerando que sus críticas son un delito de deslealtad o traición.
Todas las guerras son iguales; y todos los soldados son iguales; sin embargo, los generales que guían a las tropas no son todos iguales. Los hay como los descritos; y existen los grandes generales que son capaces de guiar a sus huestes a la victoria, poniéndose ellos los primeros al frente de los ejércitos. Son esos generales que admiten que su opinión no es necesariamente la mejor; y por ello escuchan a sus capitanes. Son esos generales capaces de ser ellos los primeros soldados que arriesgan la vida. Estos buenos generales gozan de la confianza y de la lealtad de todos sus soldados, y siguen ciegamente sus órdenes en la convicción de que el general, gane o pierda, la batalla, vela por sus vidas, incluso por encima de la victoria.
En este ejército que hemos formado sin quererlo, hay demasiados generales y todos malos. Sus huestes son tratadas de manera diferente por los generales al mando, lo que lleva a que aquellas hayan perdido la confianza en ellos; y no pocos hayan tomado el camino de la deserción, a un a riesgo de que la Policía Militar les detenga y envié a prisión.
Los desertores, prefieren morir o vivir sobre sus propias decisiones; que hacerlo desde la desconfianza que le transmiten sus generales.
La guerra en la que combatimos, posiblemente ganaremos; pero, si ello sucede, no será por le buen hacer de nuestros generales; sino, por la labor de toda la clase tropa que habrá logrado que el enemigo se retire a sus cuarteles de invierno. La victoria no se logrará de manera definitiva; porque, este enemigo nunca podrá ser derrotado. En el mejor de los casos lograremos neutralizarlo en sus posiciones durante un tiempo, y estará a la espera de que se den las condiciones propicias para atacarnos de nuevo.

jueves, 14 de mayo de 2020

CINE FORUM

Quienes ya habéis cruzado la barrera de los sesenta, recordaréis la figura de "El Cine Forum"; una suerte de reuniones de índole cultural y político que, so pretexto del análisis y discusión de películas entonces denominadas de "Arte y Ensayo", sorteaba de aquella manera la férrea censura del gobierno sobre los díscolos políticos. 
En esos foros se exhibían todo tipo de películas raras cuya inteligencia era dificultosa, y de temática ecléctica.
Pronto a concluir el visionado de la serie de TV Isabel, voy a realizar mi particular Cine Forum sobre ella, pues creo que merece la pena dedicarle unos minutos a ello. Aquellos que la hayáis visto, este comentario poco les aportará, porque habréis sacado vuestras propias conclusiones, y esto poco o nada o descubrirá. Aquellos que no habéis visto quizás estas lineas os sirvan de estímulo para hacerlo. 
Desde el punto vista técnico, son muchos los valores positivos que tiene; y pocos los negativos que yo le he encontrado. Un pero que quizás tiene la serie, es la de la incorrecta traslación al espectador de los espacios temporales que se suceden a lo largo de ella. Dando al espectador la sensación de que el ir y venir de los personajes se produce como si en el siglo XXI se desarrollara la acción. Mensajeros y embajadores que se mueven de aquí para allá, a distancias inmensas para la época, sin que los protagonistas hayan cambiado de vestuario. 
La elección de los actores, en algunos casos, no ha sido la adecuada, pues se les nota falta de oficio y por ello se ven obligados a forzar las interpretaciones, lo que les hace perder naturalidad.
Pero como digo, en líneas generales, la serie tiene gran calidad y merece la pena verla.
Desde el punto de vista argumental, se nos refleja una época de la Historia de España de una enorme riqueza vital, y de no poca importancia histórica.
Los personajes que en ella intervienen se pueden agrupar en dos grandes grupos: Opresores y oprimidos. Unas categorías perfectamente permeables, y en las que se producían movimientos de continuo. En los que se enmarcan en la primera categoría, un denominador común tienen todos ellos: la desmedida ambición por el poder; de la que no se libra ninguno de ellos, altas instancias de la Iglesia incluidos. En esa faceta, todos son iguales. Las traiciones y las deslealtades hacían un perfecto maridaje en todos ellos; ya fueran Reyes, príncipes, noble, o eclesiásticos.
Los oprimidos eran lo que siempre han sido a lo largo de la historia; aunque en esta categoría, algunos arrastran una pesada carga superior a la de los demás. El llamado "Pueblo Llano" fue el primero; pero no el único. Hijos de la realeza, sufrieron en sus propias carnes el peso de la opresión; siempre justificada por los intereses supremos de la Corona. Manera eufemística que se usaba para enmascarar la anteriormente mencionada de la ambición y el ansia desmedida de poder.
Como corolario de estas situaciones, ya de por sí cruel, nos aparece Dios, Cristo y la Fe Verdadera. Son los tres pilares hipócritas sobre los que se sustentan las acciones crueles que sobre los oprimidos se ejercían. Dios, Cristo y la Fe Verdadera, se presentan como la tabla de la verdad que justifica todo tipo de actos por horrendos que estos sean.
La vida es tos oprimidos en sus diversas categorías, no valía nada; y como nada valía se malbarataba en múltiples frentes. Ya fuera en las innecesarias guerras; ya fuera por la obsesión de convertir a las personas a la Fe Verdadera, ya fuera para lograr alianzas que ampliaran territorios y poder.
Mención aparte merecen las figuras de las mujeres de la corte y la llamada nobleza. La serie nos presenta de manera descarnada y cruel, sus desgraciados destinos como personas; personalidad que literalmente se nos presenta anulada desde el mismo momento de su alumbramiento.
La vida y la muerte de cualquiera de ellos, siempre era valorada en términos de importancia estratégica política y sus repercusiones futuras.
A los guionistas, quizás, se les ha ido un poco la mano en las en ocasiones demasiado almibaradas escenas de amor, de difícil comprensión en gente tosca y burda, por muy reyes que fueran. Pero, es inevitable en este tipo de producciones el ceder a los encantos del amor sensiblero, poco habitual en la época.

No me extenderé más porque en otras entradas del Blog ya me he referido a algunos personajes de la serie. Una serie que es altamente recomendable visualizar, por su calidad y por retratarnos una época de la Historia de España que fue de una enorme importancia para el futuro que llegó después. Muchos de nuestros éxitos, al menos en apariencia; y muchos de nuestros fracasos como nación, se gestaron en estos años en los que se centra el relato.
¿ Hubiera sido otra la historia de España si los protagonistas hubieran actuado de manera diferente? Seguro; pero, lo que no sabemos ni sabremos es si hubiera sido para bien o para mal.
¿ Qué hubiera ocurrido si al trono de Castilla hubiera llegado la princesa Juana "La Beltraneja", en lugar de Isabel I de castilla? Pues, evidentemente, nunca lo sabremos. Esos son los misterios del destino que acompañan a los pueblos.

lunes, 11 de mayo de 2020

NO EXISTE YA

"El hombre es un animal social" nos decía Aristóteles.
"La Sociedad está  por encima del individuo" nos decía Ortega y Gasset.
Estas afirmaciones, y otras de semejante tenor, que han sido mantenidas a lo largo de los tiempos, en la España de hoy, han perdido su virtualidad. La razón de ello es simple: la Sociedad española ha desaparecido hasta como concepto.
Para que un grupo de individuos, que viven en un mismo territorio, pueda ser considerado como grupo social, sus pautas de comportamiento deben cubrir unos mínimos. La Sociedad, para poder ser considerada como tal, implica que los elementos  que la integran no solo habiten el mismo espacio territorial, sino que entre ellas exista convivencia. Vivir y convivir no son la misma cosa. Vivir es un hecho puramente biológico; convivir es el conjunto de actos comunes que interrelacionan a unos individuos con otros. Sin convivencia, no existe Sociedad. Por ello a aquellos elementos que se aíslan del grupo, se les denomina "asociales" ; es decir, carentes de la facultad o el deseo de vivir en unión de otros.
En nuestros días los españoles, hemos dado un paso, no sé si definitivo, hacia la regresión social; dejando de ser un animal social, para ser un mero individuo cuasi aislado del resto.
Las pautas internalizadas a lo largo de los siglos por el grupo de individuos denominado España, han variado hasta situándonos en la escala biológica en su nivel más bajo.
Cuando las relaciones interpersonales son reducidas a su mínima expresión, no se puede afirmar, en puridad, que exista Sociedad. Si los individuos no pueden relacionarse entre sí físicamente, su cualidad esencial como persona sociable desaparece.´
Hoy, España, está formada por un grupo amorfo de individuos que nada tienen común, salvo las leyes que les obligan a vivir aislados unos de otros. Hemos creado la monosociedad, que es el equivalente al aislacionismo.
Convivir y crear sociedad implica el intercambio de afectos y sentimientos, con la expresión física que ello implica. Los miembros de una sociedad, para que sea tal, precisan expresar sus sentimientos en cada una de las situaciones que les toca vivir. Ya sea para mostrar alegría, dolor, amor, o decepción. La alegría y el dolor que no puede trascender a los demás, no pasan de ser sentimientos individuales; no sociales. Quienes no pueden besar, abrazar, bailar, cantar ni tan siquiera caminar junto a otros; no pueden decir que forman una Sociedad. Quien no puede sentir el roce de la persona amada es como si ambas carecieran de sentimientos. No es amar no gozar de cada uno de los centímetros de la piel del amante, y no poder saborear hasta la última gota de cada uno de sus fluidos.
No es niño quien no puede correr, o, libremente, jugar con otros niños, y así comenzar su vida como animal social. No se es joven cuando no se puede abrazar el cuerpo de otra persona joven hacia la que nos sentimos atraídos. No es amante quien no puede amar con toda la intensidad que nuestros cuerpos piden. No se es adulto si no puedes hacer lo que no pudiste hacer de joven; comer en compañía de buenos amigos; abrazarse para celebrar el gol de tu equipo favorito; o bailar un bolero agarrado a tu mujer o marido o pareja o amigo, en esas noches en las que los hijos nos han dejado de precisar.
No es Sociedad aquel grupo de individuos que no puede rendir tributo a sus muertos; quién no puede celebrar sus esponsales con todos lo que se alegran de su felicidad. No se es abuelo si no puedes ver a tus nietos, ni besarles en los mofletes, ni ayudarles subir a un tobogán. Y no se es niños, si no se puede vivir como viven los niños; ni se puede ser estudiante, si no se puede acudir a las aulas.
Hoy, los españoles no podemos hacer nada de lo que significa convivir. Hoy los españoles, no somos una Sociedad. Somos nada más que un grupo aislado de individuos que viven bajo la tutela de unas Leyes que nos aherrojan, y nos  limitan como personas y como ciudadanos.
Sin embargo, las Leyes no conforma una Sociedad. Las Leyes únicamente limitan la capacidad del sujeto a ser integrante de un grupo social que, no sólo vive en el mismo territorio, sino que convive en ese territorio.
A través de las leyes y de la represión han logrado romper lo que nunca antes nadie había logrado: destruir en España el concepto de "hombre como animal social" para dejar que los que en ella habitan no pasen de la condición de animal enjaulado, que únicamente puede comer y gritar desde las rejas, sin capacidad de interrelación con otros animales de la misma especie.
No es Sociedad aquella en la que sus integrantes se miran con recelo; en la que se vive tras una mascarilla, y miedosos de que alguien se acerque a nuestro lado y nos pueda tocar, o tan siquiera nos roce.
Lo siento por el maestro Ortega, que deberá, desde el más allá, reescribir sus textos, y ajustarlos a la realidad de España; porque, el ente español, no supera la escala de individuo; ni forma la sociedad que, según el filósofo, está por encima de él.


domingo, 10 de mayo de 2020

DE FRASES Y DICHOS

Los dichos, frases, ripios o refranes que nacen del Pueblo, suelen llevar un componente de verdad bastante grande. A través de ellos los Pueblos marcan a futuras generaciones las realidades con las que se van a encontrar en su devenir. Todos nacen de la experiencia vivida, o intuida; que no siempre el Pueblo ha vivido lo que en las frases se dice.
Una de esas frases, que permanecen a lo largo de los siglos, es la que dice: "Vivir a cuerpo de rey". Con ella se indica que la holganza y disfrutes de la vida son las mismas que disfruta un rey.
La frase es acertada sobre todo cuando se hace hincapié en la figura del rey; y no se dice, por ejemplo ,de los reyes, o de las reinas. ¿ Por qué el sabio refranero se refiere al rey? pues, porque la realidad que el Pueblo veía o intuía, en lo que al buen vivir se refiere, correspondía al rey y no a la reina.
Cuando haces un recorrido por la Historia, llegas a la conclusión de lo acertado de la expresión. Si pones sobre el escenario la vida de dos reina portadoras del mismo nombre, pero con cinco siglo de diferencia temporal, se constata la realidad.
Situadas las dos Isabel en contextos geográficos y temporales diferentes, se puede apreciar que sus vidas recorren caminos paralelos; tanto en lo que a se refiere al ejercicio del poder como a sus "cadenas" como personas.
Reinar en Castilla o en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, en el siglo XV o en el XX, en poco se diferencian. Vivir en esas épocas tan distantes tampoco conlleva demasiadas diferencias, más allá de lo que los tiempos marcan como diferentes.
Su poder fue y es mucho. Sin embargo, quienes administraron y decidieron la vida de millones de sus súbditos; quienes tenían y tienen en sus manos el destino de millones de individuos; quienes tenían y tienen la potestad de decidir quien vive y quien muere; fueron y son incapaces de ser dueñas de sus propias vidas.
Desde su más tierna infancia sus vidas han debido arrastrar, cual prisionero de guerra, las cadenas que aherrojaban y aherrojan sus vidas. La llamada Corona, ha sido el pretexto que marcado sus destinos bajo la dirección de otros; aunque, en buena medida, ellas no lo supieran. La Corona les dio un inmenso poder; pero, tenían y tienen, menos libertad que una tabernera de un recóndito pueblo de Castilla, o de una cajera de un supermercado de Londres.
Dos aspectos, en mi opinión, han sido los ejes fundamentales de sus vidas: la soledad y la mentira.
Rodeadas de servidores, ambas estaban solas. Todo en su entorno nace de la hipocresía y de los intereses bastardos de aquellos que dicen servirlas.
Por esa Corona, tuvieron que asumir la compañía de hombres que no las querían; y a los que nada les frenaba a  la hora de saltar de lecho en lecho, y de dama en dama, para, en buena medida huir de la opresión que sentían al estar sometidos a sus poderosas esposas.
Ambas se han tenido que tragar las hieles del desprecio como mujeres y como esposas: únicamente para mantener intacto el buen nombre y la fama de su estirpe. Sin saber que, cuando ellas cerraban las puertas de sus alcobas, el mundo se hacía lenguas de sus vidas como mujeres y como esposas.
La pesada Corona les privó de disfrutar del amor de quienes deberían ser sus seres más queridos; pues, al ser tratados como a ellas las trataron; el rencor y el odio fue todo el amor que recibieron.
En los libros de Historia una tiene; y la otra tendrá a buen seguro, dedicadas muchas páginas a ensalzar, porque la historia siempre ensalza, sus actos como poderosas mandatarias. Sin embargo, pocas son y serán las páginas que se han escrito y escribirán para describir sus momentos de felicidad real como seres humanos. Incluso, cuando en esos libros de Historia, se diga hasta el empalago el amor que les profesaban sus cónyuges; eso, será únicamente una mentira más para encubrir la realidad de las miserables vidas que como personas padecieron.
Otra Isabel, relevo de la reina castellana, quiso romper con su destino, y, saltando de cama en cama, de varón en varón, tratar de borrar la triste vida que le había tocado en suerte. Los libros de Historia, fueron, por esto, implacables con ellas. Porque, desde tiempo inmemorial, la reina, como la mujer del cesar; no solo debía ser honrada, sino parecerlo.
Si su padre, Fernando VII, no hubiera publicado la Pragmática Sanción por la que se abolió la Ley Sálica; quizás, esta Isabel, a diferencia de las que llevaban y lleva su mismo nombre, hubiera sido una mujer feliz, y a nadie le importaría con quien se acostaba o con quien se levantaba. Hoy en los libros de historia figura con el poco honroso nombre de "La reina ninfómana". Si ella hubiera sido él (rey) sus hazañas amorosas hubieran sido silenciadas; o elevada su persona a la categoría de gran amante. Que es como se denomina a los reyes dotados de un fuerte poder amatorio.
Es cierto, por lo tanto, que, vivir bien es, hacerlo a "cuerpo de rey", que no de reina.